Dirigente afirma que la decisión fortalece la institucionalidad partidaria y evita fisuras en un momento clave para la gobernabilidad

Santo Domingo Este. En una coyuntura marcada por la necesidad de cohesión interna y definición estratégica, el dirigente político José Liz salió en defensa de la decisión adoptada por la Asamblea de Delegados del Partido Revolucionario Moderno de extender el mandato de sus autoridades nacionales y de las dirigencias provinciales, calificándola como un paso “responsable y necesario” para preservar la estabilidad del proyecto político oficialista.

Liz, quien además fue aspirante a la presidencia del partido en Santo Domingo Este, ponderó la medida como una jugada estratégica orientada a blindar la institucionalidad partidaria en un momento donde —según afirmó— la dispersión interna podría traducirse en debilidad política frente a los retos de gobernar.

“La unidad no es un simple discurso; es la garantía real de que podamos seguir dirigiendo los destinos del país”, expresó el dirigente, al tiempo que subrayó que la extensión de los mandatos responde a una visión de continuidad organizativa más que a intereses particulares.

En tono de crónica política, sus declaraciones dejan entrever que el oficialismo atraviesa una fase de reacomodo táctico, en la que la prioridad se centra en consolidar su estructura interna para sostener la gobernabilidad encabezada por el presidente Luis Abinader.

El dirigente insistió en que el PRM, como partido de gobierno, tiene el deber histórico de garantizar estabilidad y resultados, lo que —a su juicio— exige disciplina, madurez política y alineación con las decisiones emanadas de sus órganos superiores.

“La lealtad partidaria se demuestra en los momentos cruciales. Hoy toca respaldar a nuestra dirección, fortalecer nuestras bases y defender los logros de la gestión gubernamental”, puntualizó.

Asimismo, destacó que la decisión de la Asamblea de Delegados no debe interpretarse como una simple prolongación administrativa, sino como un mecanismo para evitar fracturas internas que puedan afectar el desempeño del partido en el poder.

Desde Santo Domingo Este, uno de los principales bastiones electorales del oficialismo, Liz hizo un llamado a la dirigencia y a la militancia a cerrar filas en torno a la institucionalidad, advirtiendo que los desafíos actuales requieren más cohesión que confrontación.

En ese contexto, su postura se suma a una corriente interna que apuesta por la estabilidad orgánica como vía para garantizar la continuidad política del PRM, en un escenario donde la unidad se erige no solo como consigna, sino como condición indispensable para sostener el control del Estado y responder a las expectativas ciudadanas.

Con este pronunciamiento, el dirigente reafirma una narrativa que gana terreno dentro del oficialismo: sin disciplina ni cohesión, no hay proyecto político viable; pero con unidad, el poder no solo se ejerce, sino que se proyecta hacia el futuro.

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