Por Dhariana Mateo
Cada año, con la llegada del período de inscripciones escolares, miles de familias dominicanas viven la misma angustia: recorrer escuela tras escuela con la esperanza de encontrar un cupo para sus hijos. La respuesta suele ser idéntica, sin importar el sector o el municipio: «No hay cupo».
Lo preocupante es que esta situación ya no puede calificarse como un hecho aislado. Se ha convertido en una constante que pone en entredicho la capacidad del sistema educativo para garantizar un derecho fundamental: el acceso a la educación.
La contradicción resulta evidente
Mientras el Ministerio de Educación anuncia con entusiasmo la construcción e inauguración de nuevos planteles escolares en distintos puntos del país, cientos de familias continúan sin encontrar un espacio donde sus hijos puedan estudiar. Durante años, la propia institución se ha visto obligada a financiar la educación de estudiantes en colegios privados cercanos mediante becas o convenios, precisamente porque las escuelas públicas no cuentan con la capacidad suficiente para recibir la demanda existente.
Entonces surge una pregunta inevitable: ¿cómo es posible que se inauguren nuevas escuelas y, al mismo tiempo, siga siendo casi imposible conseguir un cupo?
Un caso que refleja esta realidad ocurre en Sabana Perdida, Santo Domingo Norte.
El antiguo centro educativo Santiago Irujo Sosa, conocido anteriormente como La Bella Jerusalén, debía trasladarse a sus nuevas instalaciones ubicadas en Los Cerros de Sabana Perdida, justo al lado de la Escuela Minerva Mirabal, inauguradas recientemente por el presidente de la República.
Sin embargo, lejos de representar una solución para las familias, el proceso ha generado más incertidumbre.
El Distrito Educativo orienta a numerosos padres para que acudan a inscribir allí a sus hijos. Muchos solicitan permisos en sus trabajos, gastan dinero en transporte y dedican horas de su tiempo con la esperanza de asegurar un espacio.
Al llegar, reciben una respuesta desalentadora
La dirección del centro informa que todavía no puede realizar inscripciones porque aún no ha recibido las llaves de las nuevas instalaciones.
Pero el problema no termina ahí.
A los padres tampoco se les garantiza que, una vez el liceo comience a operar en su nueva sede, sus hijos serán admitidos automáticamente. Por el contrario, se les explica que iniciará un nuevo proceso de inscripción y que los cupos dependerán de la disponibilidad existente en ese momento.
Es decir, después de seguir las orientaciones oficiales, perder tiempo laboral y asumir gastos adicionales, las familias regresan a sus hogares exactamente igual que cuando salieron: sin una respuesta y sin un cupo asegurado.
Ante esta realidad, muchos optan por acudir directamente al Ministerio de Educación.
Y es aquí donde aparece una de las mayores interrogantes.
Numerosos padres aseguran que, después de haber recibido un rotundo «no hay cupo» en las escuelas, al presentarse en las oficinas del Ministerio, de manera sorprendente comienzan a aparecer espacios disponibles en esos mismos centros educativos.
¿Cómo se explica esa diferencia?
Más preocupante aún es una percepción que cada año gana fuerza entre las familias dominicanas.
Muchos sienten que conseguir un cupo no siempre depende de cumplir los requisitos establecidos, sino de conocer a la persona indicada.
Los comentarios se repiten constantemente: quien tiene una recomendación, una amistad dentro del centro educativo, un conocido en el área administrativa o una persona con influencia parece encontrar soluciones con mayor rapidez que quien simplemente hace la fila y espera su turno.
Quizá se trate únicamente de una percepción. Quizá existan explicaciones administrativas para algunos casos. Pero cuando esa percepción se vuelve tan recurrente, las autoridades tienen la obligación de despejar cualquier duda mediante procesos transparentes y equitativos.
Porque el derecho a la educación no puede depender de una llamada telefónica, de una recomendación o de una «cuña».
No puede existir un sistema donde unos padres reciben un «no hay cupo», mientras otros obtienen una inscripción inmediata para el mismo centro educativo.
La educación pública debe ofrecer igualdad de oportunidades, no alimentar la percepción de que existen privilegios para unos y obstáculos para otros.
Las escuelas nuevas son motivo de celebración.
Las inauguraciones también
Pero ningún edificio, por moderno que sea, cumplirá su propósito si las familias continúan peregrinando de oficina en oficina para conseguir el derecho más básico de cualquier niño: un asiento en un aula.
Mientras miles de padres sigan escuchando la frase «no hay cupo», la verdadera pregunta seguirá siendo la misma:
¿No hay cupos… o hay privilegios?
Dhariana Mateo es docente y autora
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