Por Edwin de la Cruz

edwindelacruzr@gmail.com

Mientras observaba un informe meteorológico mundial transmitido por Sky News desde el hotel donde me hospedo en Ginebra, Suiza, hubo dos aspectos que llamaron mi atención.

El primero fue el alarmante nivel de las temperaturas que se registran en distintas partes del mundo, alcanzando hasta 40 y 43 grados Celsius. Una muestra más de los efectos cada vez más visibles del cambio climático.

El segundo detalle me sorprendió aún más, porque toca mi sangre patriótica. Cuando el reporte se desplazó hacia América y específicamente hacia el Caribe, aparecieron referencias a Puerto Rico y a Puerto Príncipe, capital de Haití. Sin embargo, la República Dominicana no fue mencionada.

Puede parecer un detalle menor. Después de todo, se trataba de un reporte del tiempo. Pero quienes observamos cómo se construye la percepción internacional de los países sabemos que estas referencias también reflejan niveles de visibilidad y posicionamiento.

La omisión resulta llamativa cuando se compara la realidad de ambos países. Haití enfrenta una profunda crisis institucional y de seguridad que ha llevado a muchos analistas a considerarlo un Estado fallido. La atención internacional que recibe suele estar vinculada a sus problemas políticos, económicos y sociales.

Por el contrario, la República Dominicana se ha consolidado como uno de los principales destinos turísticos del Caribe, recibe millones de visitantes cada año y mantiene una presencia creciente en la economía regional. Por eso surge una pregunta legítima: ¿por qué en un reporte internacional sobre el Caribe aparece Puerto Príncipe y no Santo Domingo?

No se trata de competir con nadie ni de cuestionar una decisión editorial específica. Se trata de reflexionar sobre nuestra presencia en los escenarios informativos globales y sobre si estamos proyectando al mundo, con suficiente fuerza, los avances y logros que hemos alcanzado como nación.

Tal vez haya una explicación técnica. Tal vez sea una simple casualidad. Pero la interrogante queda planteada. Y, en ocasiones, las preguntas más simples son las que invitan a las reflexiones más profundas.

Sobre el autor

Edwin DeLaCruz es periodista y abogado con una trayectoria dedicada a la comunicación y la promoción de la justicia social. Su trabajo combina la cobertura informativa con un profundo compromiso con los derechos humanos y la defensa de la dignidad de las personas.

A lo largo de su carrera ha mostrado un alto interés en la lucha por los derechos laborales y en visibilizar las causas sociales que fortalecen la equidad y la protección de los más vulnerables. Su enfoque periodístico busca generar conciencia, fomentar el respeto y promover un diálogo ético en torno a temas de relevancia social y humana.

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