Por: Francisco Portes Bautista
Santo Domingo, R.D.- Durante décadas, nos han hecho creer que estamos atrapados en un callejón sin salida: o usamos plástico y asfixiamos los océanos, o usamos madera y devastamos nuestros bosques. Esta narrativa, conveniente para muchos, nos plantea que no hay alternativa para nuestros utensilios cotidianos. Pero como conocedor de gestión ambiental y observador de nuestra realidad política, les digo con propiedad: este dilema es falso.
La verdadera crisis no es la falta de materiales, sino la persistencia de una economía mal fundada y una lucha de intereses que frena la innovación en la República Dominicana.
Más allá de la madera y el petróleo
La solución no es elegir entre el árbol y el polímero. La ciencia y la naturaleza ya nos ofrecen la «tercera vía»: los biomateriales. Hoy es posible fabricar platos, cubiertos y envases utilizando el bagazo de la caña de azúcar, la cáscara de piña o la semilla del aguacate, hasta la paja de arroz que se quema en nuestros campos de producción de este importante rubro, y qué decir de la jicara de coco. Estos no requieren talar un solo árbol ni extraer una gota de petróleo; simplemente requieren voluntad de transformar nuestros desechos agrícolas en materia prima.
El muro de los intereses económicos
¿Por qué, entonces, seguimos inundados de plásticos de un solo uso? Porque nos enfrentamos a una estructura de intereses que prefiere la ganancia inmediata sobre la salud pública. La Ley 225-20 de Gestión Integral de Residuos Sólidos ha sido un campo de batalla donde los lobbies industriales y la «mafia» de los residuos mueven sus fichas en el Congreso para diluir las responsabilidades.
Es más barato para una empresa producir plástico virgen y dejar que el Estado y los ciudadanos carguen con el costo de recogerlo de los ríos y vertederos como el antíguo Duquesa, que invertir en la Responsabilidad Extendida del Productor.
De lo desechable a lo duradero
El cambio real no es solo sustituir un material por otro, sino romper con la cultura del «usar y tirar». Debemos volver a la nobleza del vidrio, al acero inoxidable y a los materiales que duran décadas. La sostenibilidad no se trata de cambiar el plástico por cartón para seguir tirando basura, sino de diseñar productos que se mantengan en el ciclo económico y no en el fondo del mar. Les recuedo aquí que debemos asumir la teoría filosófica del arquitecto estadounidense, William McDonough y el químico alemán Michael Braugart: Cradle to Cradle: Remaking the Way We Make Things (de la Cuna a la Cuna), esta es una posición contraria al modelo tradicional de «la Cuna a la Tumba» (Cradle to Grave», en este, un producto se fabrica, se usa y se desecha; el modelo de «la Cuna a la Cuna» propone que el ciclo de vida de un producto nunca termine, aquí predomina la idea de que un producto nunca termine, el propósito es que los residuos no existan, sino que se conviertan en «nutrientes».
Siempre hemos dicho que para solucionar un problema hay que ir a la raíz. El problema no es el material, es el modelo. Mientras los intereses económicos sigan pesando más que la salud de nuestros ecosistemas, seguiremos discutiendo sobre materiales mientras hundimos el planeta.
Es hora de que la legislación deje de ser una moneda de cambio y se convierta en la herramienta de protección que el pueblo dominicano merece. ¡Es tiempo de dar en el clavo con una verdadera economía circular!
La «Tercera Vía»: Biomateriales (No de árboles, sino de desechos)
La clave no es cortar árboles para hacer papel o cartón, sino usar lo que hoy consideramos «basura agrícola». Se están fabricando utensilios de:
Bagazo de caña de azúcar: (Muy común en nuestra región). Después de sacar el azúcar, la fibra sobrante se usa para platos y envases biodegradables.
Semillas de aguacate o cáscaras de piña: Se transforman en bioplásticos que se degradan en meses, no en siglos.
Algas marinas: Se están creando envases que incluso se pueden comer o que se disuelven en agua sin contaminar.
2. El paso del «Desechable» al «Reutilizable»
El problema no es solo el material, sino la cultura de «usar y tirar».
El plástico eterno: Si fabricamos un utensilio de plástico de alta calidad (como el polipropileno) que la gente use 5,000 veces en lugar de 1 vez, el impacto ambiental cae drásticamente.
Acero inoxidable y Vidrio: Son los grandes ganadores. Se pueden reciclar infinitamente sin perder calidad, a diferencia del plástico que se degrada cada vez que se recicla.
3. Silvicultura Responsable (Árboles con «apellido»)
No todos los árboles son iguales ante la ley ambiental.
La lucha no es contra el uso de la madera, sino contra la deforestación de bosques nativos.
Existen plantaciones industriales certificadas (como las de bambú, que crece increíblemente rápido) diseñadas específicamente para ser taladas y replantadas, funcionando como un «cultivo» de madera sin tocar los pulmones del planeta.
4. La Economía Circular (Reciclaje Real)
En lugar de extraer más petróleo (plástico virgen) o cortar más árboles, el objetivo es que el plástico que ya existe en el mundo vuelva a la fábrica.
La solución no es «Plástico vs. Árbol», sino:
Reducir: Dejar de fabricar cosas innecesarias (como el sorbete/pitillo).
Sustituir: Usar desechos agrícolas (bioplásticos).
Retornar: Usar materiales que duren décadas (vidrio, metal).
Mi pegunta ahora.
¿Crees que en la República Dominicana estamos preparados para una ley que prohíba totalmente el plástico de un solo uso, o nos falta todavía mucha educación ciudadana?
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