La verdadera revolución no consiste solamente en perder libras, sino en recuperar la salud sin comprometer el futuro.
Por Dr. Antonio Contreras Cruz
Médico y especialista en Nutrición Clínica
En República Dominicana estamos presenciando una transformación importante en el tratamiento de la obesidad. Medicamentos como la semaglutida y la tirzepatida han despertado un interés extraordinario, tanto por sus resultados clínicos como por su creciente presencia en las redes sociales.
Sin embargo, junto a esta revolución terapéutica surge una preocupación: estamos convirtiendo medicamentos destinados al tratamiento de enfermedades metabólicas en productos de consumo impulsados por tendencias, recomendaciones informales y expectativas estéticas.
Los agonistas del receptor GLP-1 y los agonistas duales GIP/GLP-1 representan avances significativos en el manejo de la obesidad y la diabetes tipo 2. Su capacidad para regular el apetito, mejorar el control glucémico y favorecer una pérdida de peso clínicamente significativa ha cambiado la manera en que abordamos estas enfermedades.
Pero debemos comprender algo fundamental: que un medicamento sea eficaz no significa que sea apropiado para todas las personas.
El medicamento no sustituye el tratamiento integral
Uno de los errores más frecuentes es considerar que la disminución del apetito equivale automáticamente a una mejor nutrición.
Un paciente puede perder una cantidad considerable de peso y, simultáneamente, experimentar una reducción no deseada de masa muscular, una ingesta insuficiente de proteínas o deficiencias nutricionales.
Por eso, el tratamiento farmacológico debe acompañarse de una evaluación nutricional individualizada, alimentación equilibrada, actividad física y entrenamiento de fuerza adaptado a las condiciones de cada paciente.
La meta no debe limitarse a observar cómo disminuye el número en la balanza. Debemos procurar una mejor composición corporal, preservar la funcionalidad muscular y mejorar los indicadores de salud metabólica.
El peligro de la automedicación en República Dominicana
Nuestra realidad exige una discusión seria sobre la comercialización de estos medicamentos.
La Dirección General de Medicamentos, Alimentos y Productos Sanitarios (DIGEMAPS) ha advertido sobre productos destinados a la pérdida de peso que se comercializan sin las debidas autorizaciones sanitarias.
La adquisición de sustancias por redes sociales, la utilización de productos sin trazabilidad y la administración de dosis sin supervisión profesional representan riesgos que no podemos ignorar.
También preocupa la promoción de moléculas experimentales, como la retatrutida, que todavía no cuenta con autorización para su comercialización como medicamento.
Los efectos adversos de estas terapias pueden incluir náuseas, vómitos, diarrea y estreñimiento. En determinadas circunstancias pueden presentarse complicaciones más graves, por lo que resulta imprescindible evaluar los antecedentes clínicos, las contraindicaciones y la tolerancia individual.
Más dosis no significa mejores resultados
Otro concepto que debemos corregir es la creencia de que aumentar constantemente la dosis garantiza una pérdida de peso superior.
El tratamiento debe individualizarse y ajustarse según la respuesta clínica, la tolerancia y las recomendaciones correspondientes a cada medicamento.
No todos los pacientes necesitan alcanzar la dosis máxima. Tampoco debemos interpretar cada período de estabilidad del peso como una señal automática de fracaso terapéutico.
La medicina debe responder a las necesidades del paciente, no a la impaciencia por obtener resultados inmediatos.
¿Qué debería acompañar siempre el uso de estos medicamentos?
Considero que todo programa responsable de tratamiento de la obesidad con GLP-1 debe fundamentarse en cinco pilares: evaluación médica previa, intervención nutricional personalizada, actividad física con énfasis en la fuerza muscular, seguimiento metabólico periódico y educación para mantener los resultados a largo plazo.
La obesidad es una enfermedad crónica y multifactorial. Su tratamiento no puede reducirse a una inyección semanal.
Además, debemos reconocer que el acceso a medicamentos seguros, la orientación profesional y la educación sanitaria constituyen desafíos importantes para nuestro sistema de salud.
Una responsabilidad compartida
Los profesionales sanitarios tenemos el deber de indicar estos tratamientos de manera responsable, explicar sus beneficios y riesgos, y evitar prometer resultados universales.
Las autoridades deben continuar fortaleciendo la vigilancia sobre la comercialización de productos no autorizados, mientras que la población necesita comprender que la popularidad de un medicamento no sustituye la evidencia científica.
República Dominicana tiene ante sí una oportunidad extraordinaria para mejorar el abordaje de la obesidad, pero esa oportunidad solamente tendrá un impacto positivo si priorizamos la seguridad, la educación y el acompañamiento profesional.
Porque el verdadero éxito de un tratamiento no consiste en cuánto peso pierde una persona en pocas semanas, sino en cuánta salud logra recuperar y conservar durante los años siguientes.
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