Por Dr. Contreras Hijo.
La obesidad infantil es una de las tragedias de salud pública más preocupantes de nuestra época. Una enfermedad que avanza silenciosamente, que compromete el futuro de millones de niños y que, lamentablemente, continúa siendo normalizada por nuestra sociedad.
Detrás de un niño con obesidad no existe simplemente un problema de peso. Existe un organismo que puede estar desarrollando resistencia a la insulina, hipertensión arterial, alteraciones metabólicas, hígado graso y un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares a edades cada vez más tempranas.
Pero hay algo todavía más preocupante: estamos criando generaciones de niños enfermos sin comprender plenamente las consecuencias.
Hemos sustituido la actividad física por pantallas, los alimentos naturales por productos ultraprocesados y la educación nutricional por hábitos que favorecen el desarrollo de enfermedades crónicas.
Y mientras tanto, seguimos utilizando expresiones como «está gordito, pero saludable», ignorando que la obesidad es una enfermedad crónica que merece atención médica, prevención y tratamiento oportuno.
No se trata de culpabilizar a los padres ni de estigmatizar a los niños. La obesidad infantil tiene múltiples causas, incluyendo factores genéticos, ambientales, sociales y económicos. Sin embargo, como adultos, profesionales de la salud y sociedad, tenemos la responsabilidad de construir entornos que protejan su bienestar.
Un niño con obesidad no necesita críticas, burlas ni castigos. Necesita comprensión, acompañamiento y oportunidades reales para recuperar su salud.
La obesidad infantil no solamente amenaza la calidad de vida del presente; también puede condicionar la salud de toda una generación.
El verdadero asesinato silencioso ocurre cuando conocemos las consecuencias y, aun así, decidimos mirar hacia otro lado.

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