Roberto Fulcar

Santo Domongo, R.D.- En contextos políticos marcados por la fragmentación de la acción pública, la inmediatez y la presión constante de los ciclos electorales, se convierte en un acto excepcional la planificación estratégica de largo plazo. 

Por ello, la formulación y presentación del Plan Estratégico de Desarrollo Sostenible de la provincia Peravia 2025–2055, impulsado bajo el liderazgo del senador Julito Fulcar, trasciende con creces la lógica de un ejercicio técnico o administrativo.

Nos encontramos ante una decisión política de alto valor institucional, cuyas implicaciones merecen una lectura ponderada y rigurosa.

Pensar una provincia a treinta años supone asumir una premisa poco frecuente en la práctica pública: el desarrollo no puede reducirse a la gestión del presente, ni a la suma inconexa de obras y programas. Exige visión, método, deliberación social y, sobre todo, responsabilidad intergeneracional.

El proceso desarrollado en Peravia —diecisiete meses de trabajo sistemático, amplias consultas territoriales y participación de actores sociales, productivos, comunitarios y de la diáspora— configura un ejercicio relevante de planificación democrática, anclado en la construcción de acuerdos y no en la imposición unilateral de agendas.

Este proceso dialoga, además, con un rasgo profundamente identitario de la provincia: la laboriosidad histórica del pueblo peraviano.

Una sociedad trabajadora, resiliente y productiva no puede desarrollarse sostenidamente sin planificación, sin reglas claras y sin horizonte compartido.

El plan no irrumpe en un territorio pasivo, sino en una provincia con vocación de trabajo, esfuerzo colectivo y voluntad de progreso, que demanda orden, coherencia y oportunidades estructurales.

El valor del plan no reside únicamente en su volumen —223 iniciativas territoriales—, sino en la arquitectura conceptual que las articula. Gobernabilidad, economía y marca territorial, ordenamiento del suelo y sostenibilidad ambiental, inclusión social y provisión de servicios públicos, aparecen integrados en una lógica sistémica que reconoce la complejidad del desarrollo contemporáneo. Esta mirada supera el enfoque sectorial tradicional y coloca al territorio como unidad estratégica de análisis y acción.

Proyectos estructurantes como la Ciudad Sanitaria de Peravia, el Merca Peravia, el puerto de exportación El Derrumbao–Salinas o la proyección de Baní como capital mundial del mango, no se presentan como promesas aisladas, sino como nodos de una estrategia que busca articular competitividad económica, cohesión social e identidad territorial.

Esa coherencia interna es la que distingue la planificación transformadora de los catálogos de buenas intenciones.

Conviene subrayar, además, que este plan no es neutro desde el punto de vista de la tradición política. Al establecer metas de largo plazo, reglas claras y compromisos verificables, se convierte en una presión legítima sobre la práctica política, en favor de nuevas formas de liderazgo y gestión pública.

Niega, por diseño, el clientelismo, el inmediatismo y la banalización de la acción política, y propende a una cultura de responsabilidad, coherencia y servicio público orientada al bien común. En ese sentido, el plan no solo organiza el desarrollo: interpela la política.

Desde esta perspectiva, el liderazgo del senador Julito Fulcar adquiere una significación particular. Sostener una visión a treinta años implica desplazarse deliberadamente del cálculo inmediato y aceptar que buena parte de los frutos no serán capitalizados en el corto plazo.

En sociedades donde la política suele operar bajo la lógica del rédito instantáneo, esta actitud introduce una exigencia ética: liderar para trascender, no para administrar coyunturas.

El respaldo multisectorial e internacional que acompañó la presentación del plan refuerza esta lectura. Revela la capacidad de Peravia para articular actores locales con miradas globales, ampliando su margen de acción y fortaleciendo su proyección estratégica.

Asimismo, el apoyo explícito del Poder Ejecutivo, expresado en la presencia y la voz de la vicepresidenta Raquel Peña, abre la posibilidad de que este ejercicio trascienda lo local y se convierta en referente para otros territorios del país.

En un escenario global marcado por incertidumbres económicas, crisis climática y transformaciones profundas, planificar ya no es una opción tecnocrática; es una obligación ética y política.

El verbo del senador Julito Fulcar se hace carne: Peravia cambia. Enhorabuena

Roberto Fulcar: Educador, consultor, autor, activista social y político dominicano.

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