POR FRANCISCO PORTES B.- El bochornoso,  miserable e imperdonable acontecimiento que jamás se había producido en el ambito politico ni de ninguna otra ídole en la República Dominicana dejó al desnudo, no la poca; sino la ausencia de vegüenza en actores y participantes que, lejos de dirigir y pertenecer a una muchedumbre, deben estar el centro de una PIARA. Le faltó el respeto al presidente y a los presentes.

Esperé este tiempo para emitir mi consideración sobre el abominable suceso, lo califico como suceso, la vergüenza fue que me hizo demorar, porque me sentí golpeado al ver a una persona que dirigó por tanto tiempo a tropas dignas de impregnarle moral y no estiercol y materia fecal en su accionar.

Se puede estar y participar en la política y participar en ella sin ser deleznable, teniendo principios aunque no sean muy elevados. La vergüenza se puede hasta simularar, ese personaje que no quiero mencionar su nombre, porque me asquea, me abomina; pero si no lo menciono, entonces es posible que algunos no sepan de quien hablo, es del exmayor general  del límpido Ejército de la República Dominicana, Jorge Radhamés Zorrilla Ozuna, hasta su nombre debemos escribirlo mal.

Cómo es posible que se vaya a pedir un nombramiento a una juramentación, sin haberselo ganado con el trabajo que amerita tal designación y sobre todo, hacer levantar la mano al Presidente de la República de forma impiadosa e inmisericor, colocándolo en una encrocijada delante del público y los medios informativos allí presentes, invirtió los roles, él Zorilla Ozuna debió ser el juramentado y no el Presidente encrucijado.

 

La política debe ser adecentada; pero para lograrlo se debe involucrar a personas decentes en estas lides y no inmiscuir busos de fango en ellas. No se si estoy soñando o hablando de algo utópico o realizable. Ustedes me dirán. Hay gente que solo es fiel a sus bolsillos y a su puesto de mando.

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